Santísima Virgen María, Madre purísima, Reina del Cielo y refugio de los que buscan consuelo, hoy me acerco a ti con humildad y fe. Ven a envolverme con tu manto sagrado y limpia todo lo que en mí no proviene de Dios.
Virgen bendita, si mi aura está cargada de preocupaciones, purifícala con tu luz celestial. Si hay tristeza acumulada, disuélvela con tu ternura. Si existen energías negativas que se han adherido a mí, retíralas suavemente con tu presencia maternal.
Coloca sobre mi cabeza una corona de luz blanca y azul, y permite que esa luz descienda por todo mi cuerpo, limpiando mi mente, sanando mi corazón, purificando mi alma. Lava mi espíritu de todo pensamiento oscuro, de toda palabra que me haya herido, de toda mirada cargada de envidia, de toda intención negativa que haya sido dirigida hacia mí.
Madre Santísima, que tu energía celestial disuelva toda carga espiritual, rompa todo lazo negativo, y selle mi campo energético con protección divina.
Madre dulce, haz que mi presencia irradie serenidad, que mis pensamientos sean claros y que mis emociones estén equilibradas. Purifica mi hogar, purifica mis caminos y purifica cada espacio donde yo esté.
Confío en tu protección. Gracias, Madre mía, porque sé que ya me estás envolviendo con tu paz.
Amén.

