Dios misericordioso y lleno de amor, hoy me acerco a Ti con el corazón conmovido y humilde para pedir por la salud de mi familiar que está atravesando momentos de dolor, fragilidad y dificultad.
Señor, Tú que conoces cada pensamiento, cada lágrima y cada suspiro, escucha mi súplica y derrama tu luz sanadora sobre su cuerpo, su mente y su espíritu. Te ruego que tomes entre tus manos a mi ser querido, que envuelvas su vida con tu paz y que alivies cada uno de los pesares que hoy lo afligen.
Tú que todo lo puedes, fortalécele en medio de su enfermedad; dale serenidad cuando el miedo toque su corazón, esperanza cuando la incertidumbre lo rodee y descanso cuando su cuerpo se sienta débil.
Te pido también, Padre eterno, que bendigas a toda nuestra familia. Danos paciencia para acompañar, fe para no desesperar, y consuelo para los momentos en que el dolor nos abruma. Que en nuestro hogar no entren la angustia ni la desesperanza, sino la confianza en que estás obrando incluso en lo que no podemos ver.
Toca sus heridas, calma sus temores y permite que sienta tu presencia reconfortante en cada instante de su recuperación. Haz que tu amor penetre en cada célula de su cuerpo y restaure todo lo que está debilitado o quebrantado.
Dios Padre, pongo en tus manos su salud, su futuro, sus fuerzas y su bienestar, porque sé que tu voluntad es perfecta y tu amor infinito. Confío en que, bajo tu mirada compasiva, todo será guiado hacia lo mejor. Te entrego mi preocupación, mi dolor y mi esperanza, para que tú los transformes en fe, serenidad y luz.
Gracias, Señor, por escucharme. Gracias por tu presencia en medio de esta prueba.
Amén.

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