Glorioso San José Obrero, hombre justo, trabajador fiel y custodio amoroso del hogar de Nazaret, hoy me acerco a ti con humildad, fe y esperanza, con el corazón abierto y necesitado de un milagro.
San José bendito, si en mi vida hay carencias, angustias o puertas cerradas, intercede ante Dios por mí. Tú que trabajaste con tus manos y confiaste siempre en la Providencia, enséñame a no perder la fe en medio de la prueba.
Hoy te pido un milagro. Un milagro claro, visible, concreto. Un milagro que transforme mi realidad y me permita salir de esta dificultad que me pesa. Si estoy sin trabajo, ábreme una oportunidad digna y estable. Si tengo deudas, ayúdame a encontrar la manera justa de resolverlas.
San José Obrero, tú que nunca buscaste gloria, pero recibiste la misión más grande de custodiar al Hijo de Dios, mira mi necesidad con compasión. No permitas que la desesperanza se apodere de mí.
Intercede para que lo imposible se vuelva posible. Para que lo estancado se mueva. Para que lo perdido se recupere. Para que lo que hoy parece lejano, se acerque con rapidez. Fortalece mis manos para trabajar con disciplina. Fortalece mi mente para actuar con sabiduría.
San José, protector silencioso, entra en mi hogar y bendícelo. Que nunca falte el pan en mi mesa. Que nunca falte la dignidad en mi trabajo. Que nunca falte la paz en mi familia.
Confío en tu poderosa intercesión. Confío en que estás llevando mi petición ante el trono de Dios. Confío en que el milagro que pido, si es para mi bien, llegará en el momento perfecto.
Amén.

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