Pequeño guardián de los senderos invisibles, Duende de la Guía, espíritu antiguo de la intuición y la sabiduría, hoy me acerco a ti con humildad y respeto, reconociendo que a veces el camino se nubla y que mi corazón necesita dirección.
Tú que conoces los cruces del destino, que caminas entre los bosques de la duda y enciendes luces diminutas en medio de la oscuridad, acércate a mi vida y muéstrame la senda correcta.
Si estoy confundido/a, aclara mi mente. Si estoy indeciso/a, fortalece mi determinación. Si temo avanzar, susurra valentía en mi espíritu.
Duende guía, enséñame a escuchar las señales sutiles, a leer los mensajes escondidos en los sueños, a prestar atención a las coincidencias que no son casualidad. Ilumina mis pensamientos cuando deba tomar decisiones importantes. Guíame en el trabajo, en el amor, en mis proyectos y en mis pasos diarios.
Si estoy buscando propósito, muéstrame pistas. Si estoy esperando una respuesta, dame señales claras. Si necesito paciencia, enséñame a esperar sin desesperar.
Duende de la Guía, Que tu energía despierte mi intuición. Que mi corazón reconozca lo que mi mente aún no comprende. Que mi espíritu se alinee con el rumbo correcto. Hoy te pido dirección, pero también sabiduría para entenderla.
Gracias, pequeño guardián de los senderos, por tu presencia invisible pero firme. Confío en que, desde ahora, mis caminos se ordenan, mis dudas se despejan y mi destino se alinea con lo que verdaderamente me corresponde.
Así sea.

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