Oh Santísima Virgen María, Madre pura, humilde y llena de gracia, hoy me acerco a ti con el corazón abierto, buscando paz para mi alma y liberación de todo sentimiento que me aleje de Dios y de la verdadera tranquilidad interior.
Virgen bendita, tú que viviste con sencillez, amor y humildad, enséñame a mirar la vida con ojos limpios y con un corazón libre de ambición desmedida, de codicia y de deseos que me roban la paz.
Madre celestial, si en mi corazón ha crecido la ambición excesiva, el deseo de tener más que otros, la obsesión por el dinero, el poder o el reconocimiento, te pido que limpies mi alma y me devuelvas la humildad.
Virgen Santísima, aleja de mí el orgullo, la arrogancia y el deseo de competir constantemente con los demás. Enséñame a alegrarme por las bendiciones ajenas sin sentir envidia ni resentimiento. Haz mi corazón generoso, compasivo y humilde.
María, Madre de misericordia, cuando la ambición quiera dominar mis pensamientos, recuérdame la importancia de la paz, de la humildad y del amor sincero. Hazme entender que ningún éxito vale más que un corazón tranquilo y una conciencia limpia.
Hoy pongo en tus manos mis pensamientos, mis deseos y mis preocupaciones materiales. Purifica mi alma y lléname de paz verdadera, esa paz que no depende de riquezas ni de poder, sino del amor de Dios.
Gracias, Madre María, por escuchar mi oración, por acompañarme con tu ternura y por enseñarme el camino de la humildad y de la serenidad.
Amén.

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