Dios mío, Padre bueno y eterno, hoy me acerco a Ti tal como estoy, con el corazón cansado, a veces silencioso y otras veces lleno de pensamientos que no siempre sé expresar. Tú conoces mis días y mis noches, mis alegrías y mis tristezas.
Señor, cuando me siento solo aun estando rodeado de personas, recuérdame que Tú permaneces conmigo, que nunca te apartas y que caminas a mi lado incluso en los momentos más difíciles. Abrázame con tu presencia, llena los espacios vacíos de mi alma y dame la certeza de que no estoy abandonado ni olvidado.
Señor, sana las heridas que dejó el rechazo, la ausencia o la pérdida. Libérame del miedo a estar solo y enséñame a valorar mi propia compañía sin tristeza ni angustia. Ayúdame, Dios mío, a encontrar paz en tu compañía, consuelo en tu palabra y descanso en tu amor.
Cuando el silencio duele y la espera se vuelve larga, dame paciencia. Cuando el ánimo se debilita y la esperanza parece apagarse, enciende de nuevo la luz de la fe en mi corazón.
Permíteme crecer interiormente, fortalecer mi espíritu y confiar en que cada etapa de mi vida tiene un propósito, aun cuando no lo comprenda del todo. Pon en mi camino personas sinceras, vínculos verdaderos y encuentros que aporten paz y cariño, pero ayúdame primero a sentirme completo en Ti.
Quédate conmigo cuando llega la noche, cuando el cansancio pesa y cuando las dudas aparecen. Hazme sentir tu presencia de forma clara y amorosa, y recuérdame que nunca camino solo porque Tú habitas en mí.
Gracias por escucharme, por sostenerme y por amarme incluso cuando yo no sé cómo amarme a mí mismo.
Amén.

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